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El bautismo de Cristo

El bautismo de CristoBartolomé Esteban Murillo
1667-1668
Óleo sobre lienzo. 283 x 210 cm
Leyenda en la filacteria de san Juan Bautista: “ECCE AGNVS…”
Sevilla. Catedral. Capilla Bautismal o de San Antonio de Padua

A finales de 1667, el Cabildo encargó a Murillo la representación del bautismo de Cristo para la capilla catedralicia donde se administra el primero de los Sacramentos. Tan espléndida pintura, cuyo pago se ultimó el 27 de septiembre de 1668, fue colocada en el remate del retablo que ya albergaba La visión de san Antonio de Padua, contratada también con el maestro sevillano en 1656. Pero, pese a no poderse contemplar de cerca, por la altura a la que se encuentra el lienzo, el artista dejó constancia de una excepcional calidad técnica, como demuestra la soltura y energía en el manejo del pincel. Baste comparar la superioridad de esta versión con la que, hacia 1655, firmó para el convento hispalense de San Leandro, hoy en la Gemäldegalerie de Berlín. Tales progresos se explican tras la estancia del pintor en la Corte, donde asimiló las directrices del arte europeo del momento, en concreto, la obra de los flamencos Rubens y Van Dyck, y de la escuela veneciana.

Murillo desarrolla una rítmica y armoniosa composición, que vincula física y anímicamente a los protagonistas. La escena, a orillas del Jordán, tiene lugar ante un amplio paisaje de auténtica placidez espiritual. San Juan, en pie, bautiza a Jesús con sentida emoción. El Salvador, en humilde actitud, cruza las manos sobre el pecho y se arrodilla ante el Precursor para recibir el agua de vida. Un par de ángeles niños volanderos sostienen la túnica de Cristo. El Espíritu Santo en forma de paloma desciende para posarse sobre Él. En ese instante vino una voz del cielo que dijo: “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco” (Lc 3,22).


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