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La venerable madre sor Francisca Dorotea

La venerable madre sor Francisca DoroteaBartolomé Esteban Murillo
1674
Óleo sobre lienzo. 44 x 30 cm
Leyenda en el ángulo superior derecho: “V.S.D.M. Sor. Frã/cisca Dorothea, / Discalc. Dñicar / Hispal. Funda/trix, ex origi-/nali ad vivum / expressa. Ob. an. / 1623. / A. Barthol. Murill. / ann. 1674.”
Sevilla. Catedral. Capilla de Santiago

Esta obra fue donada al Cabildo en 1688 por Juan de Loaysa. Este canónigo sevillano se encargó de proseguir con la causa de beatificación de sor Francisca Dorotea, iniciada al par que la del venerable Contreras. Por ello, recurrió a Murillo para obtener la vera effigies de la religiosa, demandada por Roma. El artista copió su “imagen verdadera” de un original de la venerable madre difunta, pintado en 1623. A ello se refiere la leyenda latina en letras doradas del ángulo superior derecho, que pudo ser incluida con motivo de la donación. La retratada nació en Santiago de Compostela en 1558, pero siendo niña se trasladó con su familia a Sevilla, donde pasaría el resto de sus días. En 1612, después de muchos desvelos, fundó el convento de dominicas descalzas de Santa María de los Reyes, regido por sus constituciones. Al año siguiente profesó y desde 1615 ejerció como priora hasta su fallecimiento el 13 de marzo de 1623.

En este lienzo de reducidas dimensiones aparece representada poco más que de busto, a tamaño menor del natural y en posición de tres cuartos, a excepción de la cabeza, que se coloca casi por completo de perfil. Su figura se recorta sobre un fondo neutro de tono verde oscuro. Viste el hábito dominico y sostiene entre sus manos una pequeña escultura del Crucificado. La palidez de su rostro responde al de la víspera de su muerte, cuando tuvo lugar el siguiente trance milagroso. Cuentan sus biógrafos que, padeciendo una terrible sed, pidió el Crucifijo. Entonces aproximó sus labios a la llaga del costado y así estuvo bebiendo algún néctar invisible que parecía salir del simulacro cristífero. Murillo, con gran economía de recursos, interpreta perfectamente ese momento de sentida emoción y profundo espíritu devocional para los fieles.


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