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San Fernando

San Fernando “San Fernando”
Grabado calcográfico de Matías de Arteaga  en Fernando de la Torre Farfán, Fiestas de la Santa Iglesia de Sevilla, al nuevo culto del Señor Rey San Fernando. 1672, según composición de Bartolomé Esteban Murillo.
Coloreado
44 x 27,7 cm

Este grabado es testimonio de la importancia dada a la pintura en el culto a los santos en la Contrarreforma, como creadora de una imagen auténtica que conmoviera a la piedad. Cuando Bartolomé Esteban Murillo recibió el encargo de realizar la pintura de San Fernando que sirviera de modelo para el posterior grabado de Matías de Arteaga, ya había participado como informante en el Proceso de canonización de San Fernando en julio de 1652, declarando sobre la antigüedad de los retratos y efigies que del siervo de Dios Fernando III conocía y había visitado.  También lo había representado en otras ocasiones por encargo incluso del propio Cabildo, como se puede contemplar en la Sala Capitular, donde ya en 1668 lo había pintado con los mismos atributos que observamos en el grabado. Sin embargo, será este retrato que se presenta en el grabado de Matías de Arteaga, incluido en el libro de Torre Farfán, y la escultura de Pedro Roldán, las que fijarán la iconografía oficial “vera effigie” del nuevo santo.

Ese afán de autenticidad del barroco se demuestra en la búsqueda de una imagen que reflejara fielmente la del santo retratado. Por ello Murillo utiliza su experiencia como pintor para basarse en aquellas obras más próximas a la vida del retratado, incluso “de una tabla de alerce” pintada, según tradición, en vida del santo como señalara Torre Farfán. También se le autorizará expresamente a visitar el cuerpo incorrupto de san Fernando para fijar su fisonomía.

María José del Castillo identificó como posible fuente de dicho retrato un grabado de San Carlomagno incluido en una crónica franciscana de Francesco Gonzaga de 1587.    

El pintor, para este retrato oficial “vera effigie” del nuevo santo, lo representó con los mismos atributos que ya incluyera también en su pintura de la Sala Capitular, ya señalado: Rey guerrero y conquistador, de medio cuerpo, con corona, barbado, con la espada en una mano y el orbe en la otra, con cadena rodeando el cuello, que según Angulo responde más a la moda de finales de la Edad Media que a las del siglo XIII, pero sin la mirada vuelta al cielo que utilizaría en la pintura de San Fernando que su primo el racionero Bartolomé Pérez Ortiz, donara a la catedral en 1678.

Bibliografía:
ANGULO (1981); CASTILLO ( 1982) ; WUNDER (2001) ; NAVARRETE (2017).


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