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San Hermenegildo

San HermenegildoBartolomé Esteban Murillo
1667-1668
Óleo sobre tabla. 64 cm de diámetro
Sevilla. Catedral. Sala Capitular

Este santo de la segunda mitad del siglo VI era hijo del arriano Leovigildo, rey de los visigodos. Parece ser que su padre lo mandó como regente a la Bética. Una vez instalado en Sevilla, abrazó la fe católica por influencia de su esposa Ingunda y del arzobispo san Leandro. Por motivos políticos y religiosos, lideró una rebelión contra su progenitor. Pero fue derrotado y el monarca ordenó su encarcelamiento. Se dice que lo encerró en una torre de las murallas de la ciudad, en la Puerta de Córdoba, donde le dieron muerte golpeándole con un hacha en el centro de la cabeza. Por contra, se afirma también que fue asesinado en Tarragona, el 13 de abril del 585, tras negarse a recibir la comunión de manos de un obispo arriano. Sea como fuere, su conducta debió ser muy influyente para la posterior conversión de los visigodos al catolicismo. De ahí que su heroico fallecimiento suponga el más idóneo de los ejemplos para los canónigos.

Murillo lo representa sobre fondo neutro, de medio cuerpo y posición de tres cuartos. Viste coraza verde, con guarniciones doradas; y capa roja que le cruza a la altura del pecho. En la mano izquierda sostiene con firmeza una alabarda, su instrumento martirial, en claro gesto de voluntaria aceptación. En la diestra lleva una palma, símbolo de su triunfo sobre la muerte. El pintor, que hace gala de una pincelada fluida y pastosa, lo representa como un joven de bellas facciones y exigua barba, ya que falleció sin rebasar la veintena. Luce corona de rey en la cabeza, que queda aureolada con el nimbo de santidad. La anhelante expresión de san Hermenegildo, que fija su mirada en el Altísimo, revela la convicción inquebrantable de su fe cristiana y la esperanza puesta en la salvación eterna.


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