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San Laureano

San LaureanoBartolomé Esteban Murillo
1667-1668
Óleo sobre tabla. 64 cm de diámetro
Sevilla. Catedral. Sala Capitular

La vida de este santo del siglo VI se funde entre la historia y la leyenda. Se dice que nació en la región de Panonia, cuya mayor parte corresponde hoy a Hungría. Se cree que estudió en Milán y que, deseoso de combatir el arrianismo, vino a España, donde la doctrina contaba con la protección oficial de los visigodos. Llegado a Sevilla, el arzobispo Máximo lo nombró arcediano. Al vacar la sede, fue elegido Prelado de la archidiócesis. Tras luchar sin éxito contra la herejía, abandonó la ciudad y peregrinó a Roma. De allí partió hacia Tours, para visitar la tumba de san Martín. A instancias del rey ostrogodo Totila, fue degollado cerca de Bourges, al parecer en 544. De inmediato tuvo lugar un prodigio milagroso. El mártir tomó su cabeza, se la entregó a sus verdugos y les pidió que se la llevaran al monarca, para que quedase satisfecho. Al menos desde el siglo XV, esta reliquia se venera en la Catedral hispalense. El Cabildo, por entonces, dedicó a san Laureano la primera capilla edificada del nuevo templo gótico.

La interpretación de Murillo para la Sala Capitular se ajusta a los referidos datos biográficos, producto de la devoción más que de la verdad histórica. Como arzobispo, luce alba, estola, capa pluvial con ornamentación de áureos motivos vegetales y cruz pectoral. En la izquierda porta el báculo, mientras se lleva la otra mano al pecho en un arrebatado gesto de sentida entrega espiritual. El profundo corte del cuello recuerda su martirio en defensa de la fe y la aureola sobre la cabeza, la consecuente santidad. San Laureano, próximo a la vejez, con bigote y escaso cabello cano, vuelve su rostro hacia las alturas. La boca entreabierta y la intensidad de su mirada acentúan el carácter fervoroso de su emotiva expresión.


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