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San Pío

San PíoBartolomé Esteban Murillo
1667-1668
Óleo sobre tabla. 64 cm de diámetro
Sevilla. Catedral. Sala Capitular

La leyenda sobre la biografía de Santiago el Mayor cuenta que vino a predicar a España. Como se sabe, este apóstol dilecto de Jesús, hermano de san Juan Evangelista e hijo de Zebedeo y Salomé, es el patrón nacional. Pero, además, una piadosa tradición local añade que desembarcó en Coria del Río, trayendo consigo a numerosos discípulos. Entre ellos, escogió a Pío como primer arzobispo de la archidiócesis hispalense, sólo dos años después de la muerte y resurrección de Cristo. El Prelado levantó un templo dedicado a la Virgen, estando viva en carne mortal, que fue, después del de Zaragoza, el segundo que tuvo en el orbe. Se dice que padeció martirio en tiempos de la persecución de Nerón. En particular, que fue degollado en Peñíscola (Castellón), donde celebraba un concilio junto a sus condiscípulos de Santiago.

Pese a la falta de fundamento histórico y a no haber figurado en el santoral, dicha tradición explica la presencia de san Pío en la Sala Capitular catedralicia. Parece ser que fue la única vez que Murillo lo representó. Por su condición de arzobispo, viste de medio pontifical, con alba, estola, capa pluvial con bordados de iconografía en oro y sedas de colores, cruz pectoral y báculo dorado en la mano izquierda. En la diestra, como mártir, sostiene la palma; y, como santo, un nimbo circular aureola su cabeza. Su aspecto es el de un venerable anciano calvo de barba y cabellos canos. El pintor capta con acierto la anhelante expresión del rostro, iluminado por la luz cenital procedente del cielo. San Pío, en actitud contemplativa, mira extasiado hacia las alturas, evidenciando así la voluntaria aceptación de su martirio. El sacrificio del primer Prelado hispalense en defensa de la fe cristiana suponía, sin duda, el mejor de los ejemplos para los canónigos sevillanos. 
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