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Santa Rufina

Santa RufinaBartolomé Esteban Murillo
1667-1668
Óleo sobre tabla. 64 cm de diámetro
Sevilla. Catedral. Sala Capitular

El martirio de las vírgenes Justa y Rufina es el primer dato histórico de la Iglesia de Sevilla. Según un antiguo breviario hispalense tuvo lugar en el año 287, aunque también es posible que ocurriera a comienzos del siglo IV. Sea como fuere, aconteció durante la persecución general dictada por el emperador Diocleciano. Los martirologios mozárabes lo colocan el 17 de julio. Como expuesto queda en el comentario al tondo de Santa Justa, ambas alfareras sufrieron martirio como consecuencia de haber destrozado el ídolo de Salambó. Santa Rufina, tras la muerte de su hermana, fue llevada al anfiteatro para ser devorada por un león. En cambio, la fiera sólo le lamió los pies. Por ello, le cortaron la cabeza y su cuerpo fue mandado quemar. De nuevo, el citado arzobispo Sabino rescató sus restos y los enterró en el cementerio de la antigua Híspalis.

Murillo acomete esta obra con el mismo criterio que la anterior. Sin embargo, la sensibilidad del artista le permite recrear el modelo iconográfico con exquisita variedad. La santa exhibe túnica burdeos, palia color mostaza y fina toca traslúcida que le rodea el cuello. En esta pintura, al hacer pendant con la anterior, la figura se dispone de forma contrapuesta y complementaria. La delicadeza gestual se intensifica con la leve inclinación hacia su derecha de la cabeza, aureolada también con nimbo. En la mano izquierda sostiene la palma y, con ambas, un tipo diferente de cacharro. Lleva un cántaro de barro colorado. Esta distinción tipológica de cerámicas ya la había puesto en práctica el pintor en la pareja de lienzos, de hacia 1660, que conserva el Meadows Museum de Dallas. Entre 1665-1668 realizó la magnífica versión de las santas de cuerpo entero para el retablo mayor de los Capuchinos, hoy en el museo hispalense de Bellas Artes.
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